¿Qué es un lector beta? Conoce 6 tipos de estos

Escucha el episodio en YouTube: https://youtu.be/JNbNAtomJrA

Uno de mis lemas es: «Escribir es una tarea solitaria, pero publicar de forma independiente no implica que lo haremos solos». Es así porque escribir y publicar un libro requiere trabajo en equipo; y, parte de ese equipo, lo conforman los lectores beta.

En el episodio anterior mencioné la necesidad de identificar personas que pudieran convertirse en los lectores beta de nuestro manuscrito y prometí que en este episodio explicaría bien qué es eso de lectores beta, los distintos tipos de lectores, cómo conseguirlos y cómo sacarles provecho.

He identificado seis tipos, aunque podrían haber más dependiendo del libro que estés escribiendo: 1) lectores beta familiares, 2) profesionales, 3) ministeriales, 4) escritores, 5) neutrales y 6) de oficio.

Claro, antes de mencionarlos, para todos aplican las advertencias que hice en el episodio anterior. Si no lo has escuchado, te invito a que lo hagas.

Primero, debemos tener algún lector beta entre nuestros familiares, entiéndase seres queridos, que podemos encontrar entre familiares y amistades a quienes nos unan lazos muy fuertes e íntimos. Siempre hay quienes nos apoyan, nos animan y están dispuestos a ayudarnos y esta es una forma de hacerlos parte de todo este proyecto, lo que es tan importante porque escribir requerirá que cerremos la puerta por mucho tiempo y esto nos permite integrarlos y que se convierta en una nueva forma de compartir, de estrechar lazos y fortalecer esas relaciones.

Segundo, están los lectores beta profesionales, que se refiere a personas expertas en el tema del libro. Si el libro está relacionado con tu profesión u oficio, serán colegas, especialistas en el tema a quienes respetas, personas con prestigio en esa disciplina o que también pudieran ser perfectos desconocidos. Algunos también serán muy cercanos a ti, es posible que sientas un gran afecto hacia ellos; pero, si no fuera así, deben ser personas a quienes respetes por su calidad, excelencia y ejecución en esa disciplina, ciencia o arte. Lo ideal sería que se tratara de alguien a quien admires por su contribución en ese campo o en tu vida profesional (pudiera ser también). Tal vez se trate de un profesor o profesora. En ocasiones, pudieran ser compañeros de trabajo, en fin, eruditos en el tema. Lo interesante de todo esto es que, luego, estos podrían, incluso, ser quienes endosen o recomienden tu libro y puedas incluir esos endosos en las primeras páginas de tu libro; pero este es un buen tema para otro episodio. Prometo prepararlo muy pronto.

Tercero, lectores beta ministeriales. En el caso de los escritores de Dios, pueden ser sacerdotes, pastores, ministros y líderes de la iglesia donde te congregas, especialmente si el libro trata sobre algún tema relacionado. Por ejemplo, si eres un o una ministro de adoración y tu libro está relacionado con ese tema, lo ideal sería que otro ministro de adoración pudiera leerlo. Luego, como ya dije, esa misma persona, podría elaborarte un endoso, así que esto de los lectores beta también puede ser una estrategia para conseguir esos endosos. Por eso, en el caso de estos lectores beta y en el caso de los profesionales es bien importante seleccionarlos cautelosamente y, por qué no, estratégicamente. Además, te hará sentir más seguro de tu proyecto, de manera que puedas defenderlo, en el mejor sentido de la palabra. Es así como cuando elaboras una investigación, una tesis para obtener un título de maestría o doctorado que luego tienes que defender ante un panel o jurado. El hecho de creer en tu proyecto de escritura, aunque sepas que pueda haber quienes no estén de acuerdo con tus posturas, es realmente importante. Y, estos lectores beta se convertirán en el primer panel o jurado a quienes les haces la propuesta cuando les pides que lean tu escrito. Ellos te ayudarán a ver los puntos ciegos, a fortalecer el contenido, en fin, a mejorar tu manuscrito, a hacerlo más robusto en términos de calidad, no necesariamente en términos de la cantidad de páginas.

En cuarto lugar, están los lectores beta escritores. Estos pueden ser también conocidos tuyos, personas que, al igual que tú, están escribiendo o ya han escrito, y que, por lo tanto, te pueden dar una opinión desde ese punto de vista. Aquí podemos incluir a personas que puedes encontrar entre los muchísimos grupos de escritores que existen en Facebook. En ellos, la dinámica es ayudarse mutuamente. Yo no lo recomiendo, pues es soltarle tu manuscrito a un desconocido, lo que implica grandes riesgos. Y, lo que habría que preguntarse es si vale la pena ese tipo de riesgo.

En quinto lugar, los lectores beta neutrales. Estos ni son personas muy cercanas a ti ni son expertos ni son lectores ministeriales, sino alguien que podría ser un consumidor del libro una vez se haya publicado. Y es muy bueno contar con alguno porque este va a ver lo que muchas veces no ven los demás. Aquí realmente es cuando pruebas si el contenido es claro y comprensible casi para cualquiera porque eso va a depender de a quién va dirigido tu libro. Aquí se miden si todos los conceptos, ideas, argumentos, entre otros elementos, se han planteado diáfanamente, si hace falta aclararlos o simplificarlos.

En sexto lugar, están los lectores beta de oficio. Siempre puedes pagar por estos servicios. Usualmente, las casas editoriales cuentan con lectores profesionales, quienes se dedican a leer y a elaborar informes de lectura. Pero también los hay que trabajan por su cuenta. Tal vez, pronto pueda dedicar un episodio a hablar de estos informes, sus funciones y cuán recomendable es contratar uno porque esta sí es una buena opción. Encontrarlos no es tan fácil.

A todos estos lectores que aceptaron hacer la lectura de forma voluntaria se les suele incluir en la página de Agradecimientos o Reconocimientos, pues esta labor requiere de una gran inversión de tiempo, esfuerzo y energía. Además de que deberán completarla en cierto periodo de tiempo una vez les hayas entregado el manuscrito. Aunque, claro, a los de mayor confianza, podrías ir entregándole los borradores de los capítulos según los vas terminando. También, es apropiado y recomendable regalarles un ejemplar de tu libro una vez publicado, acompañado de una breve nota de agradecimiento.

De hecho, haciendo un paréntesis, este es otro tema que deseo tocar en otro episodio: Normas de etiqueta en el proceso de escritura y publicación independiente.

Por eso, precisamente, es que a veces es difícil conseguirlos: porque requerirá de una persona que sea un lector, preferiblemente ávido y crítico, capaz de hacer lecturas profundas. Necesitará darse cuenta de lo que no es aparente, de lo que no se ve a simple vista y que de esa manera puedan darnos sugerencias sustanciales.

Otra dificultad está en que, si estos lectores beta también son escritores, se les hará difícil porque la tarea de escribir les ocupa casi todo su tiempo.

Aunque he hablado de muchos lectores beta, la verdad es que sugiero que utilices pocos y que sean de tu entera confianza. Deben ser personas a quienes conozcas por su rectitud y su integridad, personas discretas que no divulguen ni compartan el manuscrito. Y, aún más, que respeten muchísimo las leyes de derechos de autor, propiedad intelectual y plagio. Por eso, recomiendo incluirles a todos una nota en la que de forma muy elegante les hagas la salvedad de no comentar ni compartir el manuscrito.

Además de esta nota, lo ideal es prepararles un cuestionario compuesto por varias preguntas que los dirija. Que, mientras van leyendo, les permita fijarse específicamente en esos detalles. Este cuestionario debe ser breve y, dependiendo del tipo de lector beta, puede ser de preguntas abiertas, de preguntas de respuestas cortas, llena blancos, selección múltiple y, la más que recomiendo, de escala, en la que le presentes la premisa para que le otorguen un número del 1 al 10 o del 1 al 5, ese tipo de cuestionario. Y luego de cada premisa, puedes incluir líneas para que escriban un comentario breve. Esto los ayudará a ser más objetivos y maximizarás el tiempo que le dediquen a la lectura, a la elaboración de sus observaciones y sugerencias, y al proceso de comunicártelas porque, créeme, si aspiramos a escribir y publicar, deberemos comenzar a ser muy celosos con nuestro tiempo y muy sabios en la manera como lo invertimos.

Ahora, recuerda que los lectores beta no son tus empleados, ellos nos hacen un gran favor. Así que debemos ser muy cordiales y elegantes, debemos cuidar nuestras exigencias. Incluso, habrá quien se comprometa a leer nuestro escrito y luego no lo haga. Además, deberemos entregar el manuscrito con tiempo. No pretendamos entregarlo para que lo hayan leído en una semana. Si es así, entonces, tendremos que conformarnos con pocos o ningún lector. Por eso, es necesario dejarles saber para cuándo esperas que hayan terminado la lectura, cómo van a darte a conocer sus opiniones (si será de forma personal, si se irán a tomar un café o si será por escrito) y cuándo exactamente se dará ese informe, por llamarlo de alguna manera, porque a fin de cuentas lo es, aunque suene muy formal.

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